LOS RICOS DE AQUI Y DE ALLA

Robert Mitchum en la película Cabo del miedo.
Hay opiniones con las que por más esfuerzo que
uno haga, resulta imposible coincidir.
Por ejemplo, la que acaba de manifestar el
Dr. Mariano Grondona, en su columna del
domingo en La Nación, donde expresa que :
se subvierten nuestros valores cuando se les dice
al “número creciente de nuestros pobres que es
mejor humillarse y tender la mano que trabajar,
que sólo la distribución a cargo del Estado,
con su infinita red de subsidios, los liberará de su pobreza y no, que a la inversa, los convertirá
en esclavos.”
En esta Argentina gris pero sin grises, donde se acostumbra pensar que si no es blanco será negro,
puede parecer que esta nota pretende defender a esta Administración.
No es así. Quién esto escribe tiene muchas quejas para elevar, muchas dudas y otras que ni lo son,
como que hay mala operatividad, exceso de concentración de poder, y que la solvencia de Lavagna no
se reemplazó, y que la partida de Ocaña es preocupante, y que lo del Indec es un bochorno por más
que se esgriman razones que lo pretendan “explicar”. Y así podría seguirse largo y tupido.
Pero también es cierto que, pese a no haber votado a esta Presidenta ni a su esposo, si a uno lo
ponen sólo frente a la opción entre “guatemala” y “guatepeor”, elegirá “guatemala”.
Esto viene a cuento, porque recuerdo cuándo en 1999, el columnista citado manifestó que si el nuevo
Gobierno del Dr.De la Rúa continuaba la política económica menemista, en diez años Argentina se
parecería a España, avalando así la prosecución de esa política, que si de algo estuvo lejos,
fue precisamente de caracterizarse por la creación de empleo.
Vale recordar además, que apoyó entusiasta a Martínez de Hoz, quien supo justificar su política
económica (cuando aumentaban las críticas por sus efectos sociales), con la excusa que él
gobernaba no para los trabajadores de esa época, sino para sus nietos.
Con la sinceridad que permiten armas siempre dispuestas, ese Ministro reconocía que el padre
la pasaría mal, el hijo igual, pero el nieto recogería los frutos de ese sacrificio familiar.
No sé como encuadrará un psicólogo esta actitud, pero para mí es cruelmente demagógica.
Gracias a Dios, muchos de esos trabajadores murieron, y no llegaron a conocer lo que les deparó
a sus nietos, que ya están entre nosotros, ese esperanzador futuro prometido.
En verdad, no presenta ninguna novedad, que determinados sectores económicamente exitosos, opinen
menospreciando tácitamente a estos pobres, a quienes suponen facilmente engañables, carentes de
ambiciones y deseos de trabajar, al punto de no importarles oficiar de esclavos del demagogo, si de
colectar unas chirolas fáciles se trata.
Pero este tipo de humillación, cuando ocurre, no deriva de ese semblante, sino que es producto de
una necesidad extrema. También resulta humillante y sin embargo se tolera en silencio, cuando
un empleador, sea del campo o la ciudad, recluta en negro o paga miserias.
Uno se pregunta si la gente que vivió siempre lejos de la indigencia, logra entender su significado,
las posibilidades que brinda y el futuro que promete.
En la Argentina de estos tiempos, se es pobre hasta probablemente teniendo un trabajo.
Porque la mayoría, están mal pagos, no siendo pura casualidad que la distribución del ingreso sea la
más injusta de nuestra historia moderna.
Pero el indigente, que ni siquiera tiene ese trabajo mal pago, cuántas chances tiene sino se encarga
el Estado de sus cuitas y hasta que aparezca ese bendito trabajo ?.
Podría acaso, envíar sus hijos a la escuela, si no dispone siquiera para su mínimo sustento ?.
Y de heroicamente lograrlo, podría el hijo mal alimentado, aprender lo que le enseñan ?
O podría un padre sin recursos y un hijo mal alimentado, tener la imaginación de un emprendedor
para descubrir o generar su propia fuente de trabajo ?
Y en su caso, habría lugar por ejemplo, para millones de lustradores de zapatos callejeros o millones
de domésticas ? Seguro que no.
Entonces, qué les queda ? :
Cuál sería la propuesta económica que generaría ese empleo privado que lo dignifique ?
Como dijéramos, si es volver a la de los 90, la desocupación fue brutalmente superior a cualquier
período anterior registrado por las estadísticas.
Y el indigente de hoy, está mucho más desamparado que el de hace décadas, cuando podía contar con
alguna ayuda familiar hasta reacomodarse, cosa que lograba con cierta rapidez.
Entonces, o se sale en su ayuda, o se los condena a reunirse padres e hijos alrededor de la mesa
vacía, abrazarse y esperar en ayuno que llegue su final.
Porque a la Argentina voluptuosa, esa que derramará algún día, seguramente, no tendrán el gusto
de conocerla.
Aunque no descarto, y con humildad lo digo, que la sabiduría del columnista citado, le permita
conocer otras alternativas para ellos y para ese entretanto, que mi ignorancia impide.
Sé que quedan algunas pocas, pero no sé más que eso :
como la de convertirse en ladrón por ejemplo, o en dealer o prostituta/o.
Algunos de ellos lo han decidido. Y son para los que se pide mano dura.
Así como mucho progresismo debiera entender que la Seguridad no puede ser tema de precupación
sólo para la derecha, la derecha debiera entender que la indigencia, no puede ser sólo tema
sensible para quienes se ubican desde el centro hacia su otro lado.
Por ahora no es así. A esta gente o se la expulsa a palos de las calles de Buenos Aires sin brindarle
reparo, o se la manda a trabajar, pero lo que nunca se le explica es adónde.
Ese mismo columnista advierte optimista, que de cualquier forma, el modelo de distribuír a
costa del trabajo, el ahorro y la inversión, no es sustentable, por lo que estamos viviendo hasta
el 2011 “un verdadero fin de época”.
Qué significará este pronóstico ?.
Que llegará el día en que esta cadena de subsidios desaparezca ?
Pues no propone hacerlos más eficientes, dice que no son sustentables.
Tampoco habla de una reforma impositiva que los solvente.
Como por ejemplo, quitando exenciones y eliminando los tantos subterfugios que se permiten con
el Impuesto a las Rentas, o aplicando Impuestos a las Actividades financieras, o reponiendo el
Impuesto a la herencia que eliminara el mismo Martínez de Hoz, con festejos varios.
Vale la pena al respecto, recordar algo interesante :
Aunque uno se queje del capitalismo salvaje de EEUU, debe recordarse que cuando se pretendió en
la Administración Bush eliminar el Impuesto a la Herencia, fueron los más grandes empresarios de
ese país,que salieron a explicar que no estaban de acuerdo, dándose el hecho extraordinario de
que una medida que tenía como único objeto favorecer a los ricos más ricos, resultara rechazada
por los propios ricos más ricos.
Y la rechazaron 120 multimillonarios, entre los que se contaban :
David Rockefeller, George Soros, William Gates (padre de Bill) y Warren Buffet.
Y lo interesante, es que lo hicieron preocupados precisamente, por los efectos que tendría la
eliminación de ese Impuesto a la herencia, la que de ocurrir generaría según ellos :
Recortes a las entidades de caridad y a “programas tan importantes para el bienestar del país,
como el sistema de seguridad social o la protección del medio ambiente.”,
o porque en su defecto, debería ser compensado, con incremento de impuestos para “los sectores
que están en peores condiciones para pagar”.
Lo plantearon ellos, los ricos más ricos de EEUU.
Leyendo esto, uno se tienta a contestarle a ese coro que supone que uno de nuestros problemas
es que los argentinos envidiamos mal o hasta despreciamos al rico y/o exitoso, que las cosas
podrían ser muy distintas :
Muchos llegarían a admirar a los ricos de aquí, si actuaran igual que en ese ejemplo,
como esos ricos de allá.
Pero por ahora y por lo visto, estamos lejos.